Centros escolares

Se habla mucho del poder comunicativo del arte, y con razón. Pero, en nuestra opinión, este poder no se manifiesta tanto en la comunicación entre un individuo y otro (entre un artista y un espectador) como en la comunicación entre un individuo (ya sea artista o espectador) y sus propias capacidades inexploradas. Es decir, entre quienes somos y quienes podríamos llegar a ser. Aunque suene a solapa de libro de autoayuda, el arte es la más poderosa herramienta de crecimiento personal que la civilización humana haya desarrollado hasta la fecha. Y, para beneficiarse de ella, vale más ser un espectador torpe y entusiasta que un artista superdotado pero carente de curiosidad.

¿Quién no ha sentido que su vida se ponía del revés, o empezaba de cero, o cobraba un nuevo sentido al contemplar una película, una fotografía, un cuadro? Pensad en cómo los grandes artistas saben leer entre las líneas del tópico para descubrirnos dimensiones insospechadas de una realidad que habíamos contemplado (y dado por sentada) un millón de veces. ¿No os parece que sería un trabajo maravilloso ayudar a los visitantes de una exposición a aplicar criterios similares en la gestión y digestión de sus experiencias cotidianas? Pues esto es lo que hacemos (o, al menos, lo que pretendemos hacer) a través de nuestros programas educativos, orientados muy especialmente al público escolar.